Rumiación y preocupación excesiva: cuando la mente se convierte en una jaula

Una mirada desde el enfoque contextual

En consulta, es común escuchar a personas decir: “No puedo dejar de pensar en eso”, “Le doy mil vueltas a lo mismo” o “Y si pasa esto, y si pasa lo otro…”. Estas expresiones reflejan dos procesos psicológicos muy humanos pero también muy desgastantes: la rumiación y la preocupación excesiva.

Desde el modelo contextual y específicamente desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), entendemos estos procesos no como errores mentales o síntomas que hay que eliminar, sino como estrategias que nuestra mente ha aprendido para intentar ayudarnos... pero que, a veces, terminan atrapándonos.

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¿Qué es la rumiación?

La rumiación es ese patrón de pensamiento repetitivo, enfocado en el pasado: lo que hice, lo que dije, lo que debería haber hecho distinto. La mente entra en bucle buscando explicaciones, culpables o soluciones a lo que ya no se puede cambiar.

Desde ACT, comprendemos que rumiar suele estar vinculado a un intento de resolver el malestar emocional. Sin embargo, cuanto más intentamos “entender” o “controlar” lo que ocurrió, más nos desconectamos del momento presente y de las acciones que sí podemos tomar ahora.

¿Y qué es la preocupación excesiva?

La preocupación gira en torno al futuro. Es la mente intentando anticiparse a todos los posibles escenarios negativos para protegernos. “¿Y si me despiden?”, “¿Y si me enfermo?”, “¿Y si no soy suficiente?”. Aunque parece un acto de responsabilidad, muchas veces se convierte en una fuente constante de ansiedad y bloqueo.

Desde un enfoque contextual, la preocupación excesiva es vista como una forma de evitación experiencial: es decir, un intento de alejarnos del miedo, la incertidumbre o el dolor emocional. Irónicamente, cuanto más tratamos de evitar esas emociones a través del control mental, más poder les damos.

Rumiar y preocuparse es humano… pero no tiene que gobernarnos

No se trata de eliminar la rumiación o la preocupación. Se trata de aprender a relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos, desde la compasión y la conciencia. Nuestra mente siempre va a querer protegernos, pero nuestra vida se transforma cuando decidimos actuar desde lo que realmente importa, en lugar de esperar a tener la mente “en paz”.