Depresión y ansiedad en adolescentes: Una mirada desde las terapias contextuales
La adolescencia es una etapa de transición marcada por profundos cambios biológicos, sociales y emocionales. Es un período donde se construye la identidad, se redefine el sentido de pertenencia y se experimentan nuevas exigencias. En este contexto de transformación, no es raro que surjan dificultades emocionales como la depresión y la ansiedad. Lo preocupante es que, en los últimos años, estos malestares han aumentado significativamente en la población adolescente.
¿Qué están experimentando los adolescentes?
Muchos adolescentes reportan sentirse abrumados, desconectados, ansiosos frente al futuro o atrapados en pensamientos autocríticos. La presión académica, las redes sociales, el miedo a no encajar o a decepcionar, la sobreexigencia o incluso dinámicas familiares complejas pueden alimentar ese sufrimiento interno.
Aunque estas experiencias pueden ser parte del proceso de maduración, cuando persisten o afectan el funcionamiento diario, es importante prestar atención.
¿Cómo comprenden estos síntomas las terapias contextuales?
Desde las terapias contextuales, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), no se trata de “eliminar los síntomas”, sino de entender el contexto en el que aparecen y cómo el adolescente se está relacionando con su mundo interno (emociones, pensamientos, recuerdos) y externo (relaciones, entorno).
En lugar de patologizar la experiencia emocional, se busca validarla, comprenderla y acompañarla con herramientas que aumenten la flexibilidad psicológica. Es decir, ayudar al adolescente a vivir con mayor apertura, conexión y sentido, incluso en presencia del malestar.
Claves del enfoque contextual en adolescentes
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Validar sin minimizar: Las terapias contextuales invitan a reconocer el dolor emocional del adolescente como legítimo. Frases como “eso no es nada” o “solo estás exagerando” pueden profundizar la desconexión. Validar no es lo mismo que estar de acuerdo, es ofrecer un espacio seguro para sentir.
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Observar la evitación emocional: Muchos adolescentes se alejan de lo que les duele emocionalmente mediante conductas como el aislamiento, el uso excesivo de redes sociales, el perfeccionismo o incluso conductas autolesivas. Estas estrategias, aunque alivian en el corto plazo, suelen intensificar el malestar en el tiempo.
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Promover la conexión con los valores: En lugar de centrarse solo en lo que “debe cambiar”, se busca reconectar al adolescente con lo que le importa: sus intereses, relaciones significativas, ideales. Esto devuelve sentido y dirección, incluso cuando hay dolor.
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Acompañar sin controlar: El rol de los adultos (padres, cuidadores, terapeutas) es ofrecer presencia, no soluciones mágicas. Escuchar, estar disponibles y sostener desde el amor y el respeto puede ser profundamente terapéutico.
Más allá del diagnóstico
La ansiedad y la depresión no definen a un adolescente. Son señales que invitan a mirar más allá del “síntoma” y entender lo que está ocurriendo en su mundo interno. Desde las terapias contextuales, se fomenta una relación más amable con uno mismo, menos centrada en el control del malestar y más orientada al crecimiento.
¿Te gustaría acompañar a tu hijo, hija o adolescente en este proceso desde un enfoque compasivo y basado en la ciencia?
Soy Angee Monroy, psicóloga especializada en terapias contextuales. Estoy aquí para acompañar ese camino con sensibilidad, conocimiento y compromiso.
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