Procrastinación: mucho más que falta de voluntad
Una mirada desde el enfoque contextualLa procrastinación es una experiencia humana común. Todos, en algún momento, hemos postergado tareas importantes, incluso cuando sabemos que hacerlo puede generarnos estrés o consecuencias negativas. Desde fuera, a veces se interpreta como pereza, falta de disciplina o desinterés. Pero desde un enfoque contextual, entendemos que la procrastinación no es un defecto personal, sino una forma en la que las personas intentan regular su malestar emocional.
¿Por qué procrastinamos?
Desde la perspectiva de las terapias contextuales, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la procrastinación se puede entender como un comportamiento de evitación experiencial. Es decir, postergamos aquellas tareas que nos generan incomodidad, ansiedad, miedo al fracaso o inseguridad.
Al evitar la tarea, obtenemos un alivio inmediato. Sin embargo, este alivio es pasajero y muchas veces fortalece un ciclo donde, para evitar sentirnos mal, dejamos de hacer lo importante.
La trampa del alivio inmediato
Imagina que tienes que entregar un informe importante. Al pensar en ello, aparece la incomodidad: miedo a que no salga bien, dudas sobre tu capacidad, o simplemente fatiga. Para no sentir esa incomodidad, decides mirar redes sociales o hacer otra tarea más “ligera”. Te sientes mejor por un momento. Pero con el paso del tiempo, esa tarea pendiente sigue allí, y la ansiedad se incrementa.
Este patrón se repite porque, a corto plazo, funciona: nos aleja del malestar. Pero a largo plazo, nos desconecta de nuestros valores, de nuestras metas y del bienestar psicológico genuino.
Un enfoque diferente: cambiar la relación con la incomodidad
Desde ACT no se trata de forzarte a “ser más disciplinado”, sino de cultivar una actitud de apertura y compromiso con lo que realmente importa, incluso cuando hay emociones difíciles presentes.
Esto implica:
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Reconocer la incomodidad que aparece antes de procrastinar.
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Aceptar esas emociones sin dejar que controlen tu conducta.
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Reconectar con tus valores, es decir, con aquello que es significativo para ti.
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Dar pasos pequeños y sostenidos hacia lo que importa, aunque no todo se sienta cómodo de inmediato.
Del control al compromiso
En vez de luchar contra la procrastinación o intentar eliminarla por completo, te invito a preguntarte:
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¿Qué valor importante está detrás de esta tarea que estoy evitando?
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¿Qué pequeña acción puedo hacer hoy, en coherencia con ese valor, aunque no me sienta 100% motivado(a)?
Este enfoque te permite actuar con sentido, en lugar de reaccionar ante el malestar. Poco a poco, la procrastinación pierde fuerza y la acción comprometida se fortalece.
¿Quieres trabajar en esto con acompañamiento terapéutico?
Si sientes que la procrastinación está interfiriendo con tu bienestar o tus metas personales, podemos trabajarlo en terapia desde una mirada compasiva y basada en tus valores.
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